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Corredor de fondo
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Autor Tema: Cuentos e historias del Maratón  (Leído 9103 veces)
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samarut
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« : Junio 10, 2011, 00:17:30 »

Comienzo este post para los que quieran fabular, inventar historias donde la maratón esté de alguna manera presente.

Cuentos del maratón

Hoy es un buen día, el sol lo ilumina todo, oigo una sirena lejana, intermitente que se acerca, un revuelo de sombras y de voces me envuelven sin entender nada, solo veo sombras y no estoy seguro de lo que está pasando, me empujan, me levantan, pero no siento nada, tal vez me tocan, pinchan y golpean, solo oido una sirena, una sirena que ya he oido muchas veces, esa sirena que en puertas de urgencias huele a trabajo, a guantes, a sangre y hiel.

¡ De repente! oigo ¡deprisa, deprisa que se nos va! y yo pienso  ¿ quién se va? ¿con lo agusto que estoy! me vuelven a golpear, ¡ ya me están mosqueando con tanto golpe! ¡que me van a romper algo!.

De repente caigo en la cuenta, esta mañana me levante muy temprano, esta mañana no tenia sueño, estaba muy despierto, esta máñana era diferente, especial, la luz era brillante, la tierra olía a romero, a lavanda y pebrella, esta mañana me levante temprano, me preparaba lentamente, con la liturgia de un torero, me preparaba la ropa, los calcetines, el pantalón, la gorra, las gafas de sol, la camiseta y el cinturón, con mi pócima mágica, con mis pañuelos, con los imperdibles, el pulsómetro y mi super reloj, esta mañana todo era mágico, comía el aire, olia la luz, y oía el fuego, esta mañana me levante temprano y ví el amanecer, vi salir el sol majestuoso sobre el tímido horizonte, esta mañana sabía que era el día.

Dos años preparando la mañana, dos años sacrificando el tiempo, al cuerpo, a la familia, dos años con el mismo reto, la carrera más larga, con muchas más cortas por el camino, con nuevas marcas, con nuevos records, dos años llenos de sudor, de ampollas, rozaduras, uñas negras y pezones sangrantes, dos años comprando zapatillas, y otros dos más acumulando camisetas, que tienda más colorista podríamos montar, tenemos camisetas de todos los colores, de todas las tallas, tamaños, tejidos y distancias, de manga corta y de manga larga.

Esta mañana estaba todo preparado para lograr el reto, todo, todo, todo, estudiado al milímetro, el recorrido, la altitud, el perfil y¡ hasta el canto!, los avituallamientos, los puntos de agua, las esponjas, y hasta donde comer un poco.

Ahora tengo mucho frio, un frio que no me hace tiritar, no es como cuando tienes fiebre, es un frio interior, universal, no veo muy bien, más bien creo que no veo, tampoco tengo dolor, ni casi memoria, unos pocos flases aquí, que aparecen y vuelven a aparecer, oigo , oigo todavía, ¡pasos de zapatillas!, ¡ muchos pasos de zapatillas! ¡ qué guay! si, oido los pasos de zapatillas, como si una legión romana se desplazara por el valle de la antigua Sagunto, se oyen pasos cada vez se alejan más, son menos sonoros pero más dulces.

El caso, es que estoy un poco cansado, tanto que no me puedo mover, y mira que tengo ganas, que con tanto golpe que me han dado, ya tengo ganas de salir de aquí, pero estoy tan cansado que no me puedo mover, y lo intento, pero nada que no puedo, ni siquiera el dedo meñique.

No puedo hablar, me parece que me han puesto una especie de bozal, un tubo que me envia algo fresquito, pero no no me gusta lo más mínimo, ya me estoy cansando, quiero irme de aquí, saber que estaba haciendo antes, cuando el sol brillaba a mis espaldas, cuando todo eran ánimos, aplausos, no eran solo para mi, pero un poco si, éramos un montón de personas corriendo, de todo tamaño, sexo, religión y condición social, listos, torpes, hasta incluso algún político venido a menos corría por ahí, teníamos pinta de estar muy cansados, corriendo sin motivo aparente, porque nos apetecía,  sentia ya la compleja esencia del ser, el flujo de las fuerzas misteriosas que sentimos cuando la meta esta a la vista, ese cosquilleo que siento cuando voy bien, veo una ciudad de colores, con un gran edificio en forma de yelmo, otro edifico que parece el costillar de un inmenso dinosaurio,  y una peineta gigantesca rematada con un huevo Kinder, está todo muy bien organizado y voy  lento pero fuerte, voy  hinchando el pecho, llenando de aire fresco los pulmones que fueron negros.

Y oigo la música, y los cantos, oigo los pájaros que me saludan desde sus ficus gigantescos, oigo voces y veo sombras y más sombras, pero un poco de color veo a lo lejos, soy el que entra en el arco, el que pisa la alfombrilla, el que tropieza en el último momento, el que se levanta y mira hacia delante, el que camina, el que vuelve a tropezar y ya no se levanta, el que sonrie por haberlo conseguido, el que no sufre....
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Samarut
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Toni VLC
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« Respuesta #1 : Junio 10, 2011, 16:53:52 »

Genial, Samarut! Creo que somos muchos los que esperamos para este otoño una experiencia como la de este relato.
Este mismo mes me inscribo en el maratón de Valencia y en agosto tengo previsto empezar los entrenes. Como tú, son cientos de quilómetros "al cos" para luego poder hacer los 42 y pico en una mañana.
Tendré presente tu historia.
Saludos y a ver si coincidimos este veranito en alguna carrera.
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samarut
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« Respuesta #2 : Junio 10, 2011, 17:30:16 »

Gracias Toni, me salió un relato negro, en todos los entrenes paso por la ciudad de las Ciencias, pienso que va a ser la final de la maratón, y fabulo historias, tengo más escritas.
Me alegra y me ayuda muchisimo gente como tu, positiva, alegre y de seguro que no terminaremos el maratón como el de la historia. ¡¡ Moltes gràcies Toni!! Wink
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Samarut
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samarut
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« Respuesta #3 : Julio 03, 2011, 23:31:52 »

Esta mañana me levanté como siempre, muy temprano, cosas de la edad, me lavo la carita y me disfrazo de corredor, no desayuno, solo llevo la bebida de deportistas de mercadona, me bebo un vaso en casa.

Salgo al amanecer, en mi preciosa ciudad ahora hace un calor insoportable, el único momento de correr es de madrugada, salgo  dispuesto, a buscar el muro, el muro del maratón.

El muro se corresponde en una carrera de fondo, cuando el corredor a gastado la practica totalidad de sus depósitos de glucógeno y depende casi exclusivamente de sus reservas de grasa, hay quien lo describe como si le cayera un elefante encima, te deja sin fuerzas. El muro hace que muchos corredores de maratón abandonen la carrera.

Esta ausencia de fuerzas, tradicionalmente ocurre sobre los 30 Km, logicamente hay quien no conoce ni lo que es el muro, depende de la preparación física, genética, ritmo en carrera etc, lo normal es que una persona, a su ritmo de carrera y con una preparación adecuada tenga glucógeno para algo más de media maratón, ( aproximadamente  2000 kilocalorias), esas son las reservas totales sino se reponen a tiempo, en cambio tenemos, y yo tengo muchísimas, reservas en grasa para muchos maratones seguidos.


Entonces, ¿ porqué el cuerpo es tan "delicado" ?, la razón es que para metabolizar la glucosa y por lo tanto el glucógeno es necesario muchísimo menos oxígeno que  para conseguir la misma energia a partir de las grasas, por eso el cerebro  se niega a  aceptarlo, y manda mensajes claros para que paremos, los músculos de debilitan y minan  el ánimo, ahí es donde entra la preparacón mental del corredor, nuestra voluntad y por tanto nuestro consciencia, para dominar , seguir y adaptarnos a la nueva situación.



Varios son los factores que pueden interferir en la llegada, retraso e intensidad en la altura del muro, además de la preparación física, y mental ( fundamental), son imprescindibles la hidratación adecuada y el aporte calórico puntual, cada uno conoce su cuerpo, o por lo menos tiene que intentar conocerlo, ahí está la preparación de cada uno, se adquiere de dos maneras, estudiando y también poniendo en práctica pequeños experimentos, como el que me he permitido esta mañana. El ayuno, en un intento de vaciar más rapidamente los depósitos de glucógeno, por otro lado, si necesito separar cualquier ingesta de alimento al comienzo de un ejercicio.



La hidratación adecuada: dependiendo de la época del año, humedad, calor, cada uno debe ingerir su aporte, para mi, y para la mayoria de los corredores creo que cada 5 km, unos 250 cc en pequeños sorbos a lo largo de cinco minutos, y el aporte calórico puntual: para mi comer un poco al mismo tiempo que se ingiere el agua, la comida debe ser muy poca, un dátil, dos galletas, un trocito de membrillo, cada cual debe experimentar lo que mejor le va y más le guste.



Volvamos al muro, de todo lo que he leido, afin de cuentas soy un novato que no ha corrido un maratón, parece que el muro es sobretodo un proceso mental, psicológico, hay que prepararse para el sufrimiento que  en una carrera de la magnitud de una maratón, tiene que llegar, si o si, por lo que la preparación mental, por lo visto es mucho más importante  en la carrera que la propia preparación física, sobre todo cuando la intención no es hacer una marca sino simplemente terminar la carrera.



Hoy he buscado el muro, pero la distancia no ha sido suficiente, con este calor, cuesta mantenerse corriendo solo, oyendo música, pero es pesado, ( he corrido 17 Km a ritmo lento y bebido 1,2 litros de líquido aproximadamente),  seguiré buscando  a ese muro, y tal vez lo encuentre algún día, pero estoy seguro que  estaré preparado mentalmente( eso quiero pensar), para seguir hacia  la meta y completar los 42.195 metros  que por los caprichos de una Reina nos tocará correr, pero le tengo unas ganas...

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Samarut
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« Respuesta #4 : Julio 04, 2011, 21:50:58 »

Como bien dices, ese muro tiene mucho de mental, por lo que, por mucho que intentes "simularlo", no lo verás con 17km. A lo mejor te da un pajarón, pero no será el muro. Éste si que puedes vislumbrarlo en los largos de unos 30km, pero lo mejor es que te vayas haciendo la idea  y mentalizándote para que cuando el día D lo veas, simplemente lo saltes y te rías de él!

Ánimo con el entrenamiento!
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« Respuesta #5 : Julio 04, 2011, 22:13:05 »

Muy original este post Juan, están muy chulas todas esas cosas que cuentas, la mayoría las sentimos tal cual las cuentas
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« Respuesta #6 : Julio 05, 2011, 09:35:37 »

Pues yo no sé si fue el muro, o qué, pero el domingo salí a rodar 2h30', y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no ponerme a andar a partir del km. 25....
Al final, 29 kms...y eso que el ritmo no era ni mucho menos lo exigente que cuando entreno para maraton...

Con estas temperaturas no es bueno buscar el muro, sólo te puedes llevar un susto en forma de deshidratación, y que te cueste mucho recuperarte. Mejor sigue con los entrenamientos, y el muro ya lo encontrarás el día D....o no.

Suerte, Samarut.

PD: muy original y bonito el post.
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samarut
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« Respuesta #7 : Julio 05, 2011, 14:11:46 »

Como bien dices, ese muro tiene mucho de mental, por lo que, por mucho que intentes "simularlo", no lo verás con 17km. A lo mejor te da un pajarón, pero no será el muro. Éste si que puedes vislumbrarlo en los largos de unos 30km, pero lo mejor es que te vayas haciendo la idea  y mentalizándote para que cuando el día D lo veas, simplemente lo saltes y te rías de él!

Ánimo con el entrenamiento!


Muchas gracias , Javier, Monolo, tendré en cuenta  lo que me decis, me sirve.
Kike, seguiré dando rienda suelta a la imaginación, tengo muchas más escritas.
« Última modificación: Julio 05, 2011, 14:19:22 por samarut » En línea

Samarut
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« Respuesta #8 : Julio 06, 2011, 15:58:16 »

Bueno, pues para no dejar solo a Samarut, y siguiendo con los últimos comentarios, sigo con otra historia:

Era un hombre pequeño, delgado, flaco diría yo. “El seco”, lo llamaban sus amigos. Extremeño.  Recio, de pocas palabras y poco dado a ostentaciones o a grandes escenas de alegría. Tampoco a llantos desmedidos.
Corría desde hacía tiempo. Con el paso de los años se había hecho socio de un club. No solía acudir a cenas, ni a celebraciones. No era de los que participaban en todas las carreras. Seleccionaba  con mimo unas pocas al año, como ésta en la que estaba metido. Transcurría el kilómetro 31, y ya estaba empezando a cansarse de tanto correr.
Era la primera maratón en la que participaba, y probablemente la última. No entendía muy bien por qué se había animado con la distancia. Había oído que “era algo que había que hacer una vez en la vida”. Así que se había inscrito, sin saber muy bien ni tan siquiera si le apetecía. Eso sí, una vez apuntado, se había preparado concienzudamente  las semanas anteriores.
Como digo, transitaba el kilómetro 31, llegando ya al 32. Y hacía un rato que se preguntaba por qué seguía corriendo. Le dolía ya todo el cuerpo, y cada vez le costaba más dar el siguiente paso, cada vez más…
Y más…
Y deseó no haberse apuntado.
“Mierda. EL MURO” – pensó. – “El que deja tirados a la mitad de los corredores. El que llega sin avisar y te arranca el espíritu, por muy bien entrenado que estés. El enemigo silencioso. El que te quita la esperanza.”
“Dejarlo.”
“Parar y dejar de correr.”
Este era el pensamiento único. Parar y descansar. Y después, media vuelta a casa. No le gustaba dejar las cosas a medias, pero tampoco sufrir innecesariamente aquel auténtico calvario.
Se acordó de Filípides. ¿Habría sentido lo mismo? ¿Habría estado a punto de tirar la toalla en su camino hasta Atenas? ¿Habría podido siquiera plantearse esa parada en aquella sociedad militar? ¿Lo habrían defenestrado por aquél acto impropio de un soldado? ¿Le pasaría a él lo mismo hoy en día? No, claro que no. Sus compañeros de club lo animarían, y le dirían que había  sido un valiente por participar. Incluso algún compañero contaría su retirada en algún foro de “chiflados” en Internet, y todos comprenderían sus sensaciones. Y le animarían a volver a intentarlo. Pero no habría una segunda oportunidad. Claro que no. Pero no importaba, sólo él sabía lo que estaba sufriendo. Así que llegaría hasta el siguiente cruce y pararía.
Pensó también en su hijo, de 7 años. Lo estaba esperando en la meta. Pero él nunca llegaría corriendo, lo haría en coche, cabizbajo. No importaba, ya lo entendería. Quizá no ahora, pero sí cuando fuera mayor. Una pequeña decepción, sin más. Y se acordó de su padre. Y de aquella colección de cromos  (su primera colección), inconclusa. Y de cómo su padre le había prometido que conseguiría las últimas piezas para acabarla, que nunca llegaron. Y de su frustración y decepción para con él. Por supuesto, cosas de críos, pero siempre tuvo esa espina clavada en el corazón. Su padre, que había sacrificado su vida por él y sus hermanos, trabajando de sol a sol por darles una educación y unos valores decentes. Pero que no le había conseguido aquellos últimos cromos. ¡Qué injustos son a veces los recuerdos!
Se acordó de…
“¿Qué hago aquí? Correr. Gente. Cromos… papá… mi hijo… Filípides… Ah, ya, la Maratón. Y estaba en mi mundo, como siempre"

KILÓMETRO 35
“Ah, sólo me quedan 7. ¿En qué estaba pensando? … No consigo recordar. Buff, la gente está hecha polvo, menuda cara que llevan…  ¡Claro! ¡El muro! Yo también estoy… ¡¡estaba!! hecho polvo. Venga, ahora sí, que sólo son 7, sólo 7…”
Y aquel hombre pequeño sonrió. Al fin entendía el valor del Maratón. Sólo el que pasa por esto lo entiende.
Pensó en su hijo abrazándolo tras llegar a meta. Y casi se echa a reír y a llorar a la vez. Y anotó mentalmente llamar a su padre para invitarlo a cenar aquella misma noche.
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samarut
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« Respuesta #9 : Julio 06, 2011, 17:39:06 »

muchas gracias, por no dejarme solo y por la historia, al final tal vez salga algo bueno de todo esto. Wink
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Samarut
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« Respuesta #10 : Julio 06, 2011, 17:50:04 »

Yo el año pasado no me pegue con el muro, más bien me estampe. Es verdad que fui sin preparación y me la tome como una carrera más, aparte de eso, es una distancia que yo x ahora no quiero saber nada mas de ella, no sé cuanto me durara esto (yo creo que el año ke viene ya tendré ganas de volver a hacerla, jejeje) eso espero. Pero cuando la acabe tuve una sensación muy extraña, x una parte estaba triste x el petardazo que había pegado, pero x otra estaba contento, x que x dentro me decía: Tío, que has acabado una maratón, y no todo el mundo la ha corrido. En definitiva, es una cosa que hacer x lo menos una vez en la vida, eso si, con mucha preparación y cabeza. Saludos Smiley Wink Cheesy
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samarut
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« Respuesta #11 : Julio 06, 2011, 18:29:18 »

Pesaba más de 120 kgr, era valdesano,  nacido en Luarca ( Principado de Asturias) daba clase en el instituto Severo Ochoa de la misma localidad, daba clase de educación física.
Media 1´75, y en su  época escolar descataba en los deportes que practicaba, ahora después de tanto tiempo, se avergonzaba en lo más íntimo de su ser, él que llegó a jugar en la selección asturiana de extremo izquierda, que jugó la baloncesto, al fútbol en el Barcia CF  ( su deporte favorito),  pero no le hacia ascos a la rana, ni a los bolos.
El tiempo pasó, como para todos, sin avisar que pasaba, y se dejó su juventud el día del accidente, un conductor bebido le atropelló sin compasión, bueno, no era un conductor, sino una conductora, que viene a ser lo mismo pero sin....., ese  día, ella iba borracha, como una puta cuba, iba ciega, y rabiosa, habia salido de su casa para no volver jamás, su marido, mequetrefe le ponia los cuernos, y ese mal día bebió y atropelló a nuestro héroe,  ¿ qué culpa tenia él de sus cuernos ?, pero la cuestión es que el topetazo le cambio de acera, de acera y de cadera, porque la cadera se rompió, por dos  partes.
Por eso estuvo hospitalizado un mes, y  seis meses en rehabilitación, como se aburria como una ostra viendo una película de Garci, empezó a comer, entre el aburrimiento y la depresión, solo comer le divertía y apesar de las advertencias de sus médicos,  familiares  y amigos  gano peso de forma rápida ya que no hacia apenas ejercicio, menos mal que no le dió por beber, bueno,  beber bebía, pero porquerías con colas y refrescos.

Y le dieron el alta, su vida era la de antes, pero con 120 kgr, no es ninguna broma, es una losa, en el instituto le cambiaron el mote, ahora era conocido como  "el fenómeno", su vida volvió a una normalidad aparente,  pues hacia lo mismo que antes pero con unos kilos de más,  desde  el accidente parecía  cambiado, estaba apático, sin confianza alguna, un poco dejado.
 

El tiempo pasaba deprisa, y seguía la vida igual, de casa al instituto, llegaba desfallecido después de subir la cuesta, del instituto a casa, antes corría con sus alumnos, jóvenes de 14 o 15 años, ahora por el sobrepeso no se atrevía, la depresión le duró todo el invierno, el invierno en estas tierras, hasta el oso hiverna, es  cuando nunca pasa nada, una tranquilidad maldita, como diría años más tarde Alvárez Cascos,  como si no nos importaran  ni un comino, y llego  la primavera e incluso le llegó el turno al verano, con la luz y el calor del sol se sentía mejor, y hasta se fue a la playa  de Cadavedo, se bañó en las frías aguas del Cantábrico, siempre frías incluso en verano, donde desemboca el arroyo Frieira, dentro del agua vió que no pesaba, se sentia como antes, ligero, y se animó, penso que ya estaba bien de autocomparecerse, que a sus 38 años aún esta joven para no hacer algo más, y empezó a pensar, y a pensar en como salir del túnel.

Al día siguiente se fué de excursión al faro  de Luarca, un faro con mucha historia, construido en el siglo XIX, desde su punta se ve la impresionante costa asturiana, el mar y las playas que aparecen y desaparecen con las mareas.Esa visión magnífica, la grandeza de la naturaleza, su belleza le inspiraron la solución, que además la tenía muy a mano.

Creo un club de atletismo en el instituto, al principio apenas tuvo seguimiento, solo unos cuantos alumnos y alumnas se apuntaron, pero fué empezar y poco a poco se fueron uniendo efectivos, este pequeño éxito le animó, y empezó a cuidarse un poco,  y a correr, la cadera apenas le molestaba, solo al principio, hasta que calentaba, luego se portaba bien y le dejaba correr.
Federó a los alumnos, algunos empezaban a destacar, el como entrenador y profesor les dirigía los entrenamientos, todo esto le obligó también a prepararse tanto intelectualmente, como físicamente, empezó a sentirse mejor en todos los sentidos, le cambió el humor, incluso se dió cuenta que habia bajado peso.
El aire fresco de la playa, la naturaleza salvaje le habia susurrado la solución.
Ahora empezaba a entrenar por su cuenta, sin responsabilidades, sin alumnos, entrenaba por las sendas del camino de Santiago que  recorren toda la cornisa cantábrica.
Sin apenas de darse cuenta se vió apuntado a una maratón, sus alumnos le apuntaron, estaban agradecidos con su profesor, hasta le habian vuelto a cambiar el mote, ahora se lo decian en tono cariñoso, no burlesco como antes.

El resto podeis imaginarlo,  le apuntaton a  la maratón de San Sebastián, ni siquiera le preguntaron, y se lo tomó muy bien, por lo que con el apoyo de todo un instituto, de un pueblo entero, cuando se puso a entrenar, pronto se vieron los cambios, perdió los kilos de más, acabó siendo un figurín, y triunfó en la maratón, ya que no solo la terminó sino que encontró su media naranja o su medio limón según se mire, y hasta la fecha sigue en el instituto, formando nuevas generaciones de deportistas, y el corriendo maratones, que ya lleva 11 o 12, ya ha perdido la cuenta, solo  iba  a correr este año el maratón de Valencia, pero  le han cambiado de fecha, tendrá que esperar a noviembre.
« Última modificación: Agosto 03, 2011, 00:01:38 por samarut » En línea

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« Respuesta #12 : Agosto 01, 2011, 15:40:25 »

Ale, ayer mientras corría se me ocurrió esta otra... Roll Eyes

Manel dejó la bolsa en el suelo. Estaba emocionado, excitado, alegre, nervioso… tenía un cúmulo de sensaciones difícil de explicar. Acababa de entrar en los vestuarios que la organización había habilitado para los participantes de la Maratón de su ciudad. Estaba como en una nube.
 Le gustaba el ejercicio, practicar deporte (cualquier tipo de deporte), y le satisfacía enormemente la sensación de tranquilidad que emanaba de salir a entrenar solo,  sin más compañía que sus zapatillas y su respiración acompasada. Sí, era una sensación relajante, contemplar el mundo desde  la perspectiva del corredor, y luego llegar a casa y tras la ducha sentir que los pulmones se habían hinchado un poco más, entraba más aire… y que había dejado en el asfalto cualquier atisbo de mala leche, o de frustración, o de miedo anteriores al entrenamiento. Entonces,  lo mejor de todo venía después, cuando se sentaba a cenar con su mujer, y juntos trazaban planes, hablaban de sus cosas, del día a día, de sus alegrías y sus preocupaciones… En dos palabras, Manel era un Corredor Popular.
Hacía ya diez meses, se había animado a apuntarse a correr la Maratón de su ciudad. Prepararse para ello le había costado unos cuantos esfuerzos: entrenamientos más largos, madrugones, alguna que otra tendinitis, un par de comidas familiares a las que no había podido acudir… pero siempre había salido adelante con la ilusión de poder estrenarse en la Gran Distancia, y siempre acompañado en los malos momentos por la mujer de su vida.
Poco a poco fue cambiándose, realizando los gestos sin pensarlos, de manera automática, como si fuera un robot. A fin de cuentas, era lo que había hecho los últimos meses: quitarse las zapatillas, desvestirse, ponerse la camiseta, el culote, los calcetines de correr, y por último las zapatillas.
Sonó el teléfono, lo cual le hizo salir de su burbuja de sensaciones. Lo cogió con fastidio. Llamaban del Hospital, su mujer se acababa de caer en la calle, mientras iba hacia la salida de la prueba, y había perdido el conocimiento unos minutos.
“Mierda, precisamente ahora”.
No parecía nada grave. Pero la llevaban al Hospital por prudencia, había que realizarle algún chequeo.
Colgó. Se llevó las manos a la cara. Estaba cabreado. Habían dicho desde el Hospital que “no parecía nada serio”. “¿Y si voy después de la carrera? Total, allí no voy a poder ayudar en nada. Sí, correré y después me acerco. Lo único que puede pasar es que esté 4 ó 5 horas sola, nada grave…”
Se levantó. Sabía que – quizá – no estaba haciendo lo correcto, pero su objetivo durante el último medio año había sido correr aquel evento. Se repetía que no estaba haciendo mal a nadie, sólo demoraba unas horas el estar junto a su esposa…  Tenía que participar, correr, llegar a meta… sobre todo era por eso, por la emoción de entrar en meta, de terminar la carrera. Ya que sabía que era capaz de llegar, en muchos entrenamientos se había demostrado a sí mismo que podía correr distancias similares. Entrenamientos tras los que le esperaba su mujer con la cena preparada, entrenamientos de varias horas que no habría podido hacer sin que su mujer se hubiera hecho cargo de las labores domésticas, entrenamientos que…
Entonces lo vio todo claro: llegar a meta en aquella Maratón era importante, pero el camino de preparación para tal evento lo había sido mucho más. Y durante los meses que había durado dicho “camino” siempre había recibido el apoyo y los ánimos de quien ahora lo necesitaba. Sí, dadas las circunstancias, quizá ahora él no pudiera ofrecerle más que su hombro, (él no era médico, y no iba a poder curarla si es que tenía algo mal)… pero se dio cuenta cuán diferente habría sido su camino en la preparación de la carrera sin el apoyo de ella. Y, a fin de cuentas, eso era lo que contaba, ¿no?
Volvió a cambiarse. Recogió sus cosas y salió. Sonreía. Su enfado se había pasado, y ahora estaba tranquilo. Sabía que estaba haciendo lo que tenía que hacer, pero lo más importante, QUERÍA hacer lo que estaba haciendo por encima de cualquier otra cosa. Observó a los corredores que se dirigían a la línea de salida con un poso de envidia sana, casi con nostalgia de algo que ni tan siquiera había llegado a sentir, entrar en meta. Respiró profundamente, y sintió una gran alegría por tener a alguien tan especial con quien compartir las cosas importantes de su vida.


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Vicent García
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« Respuesta #13 : Agosto 01, 2011, 15:48:21 »

Preciosa historia.
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« Respuesta #14 : Agosto 01, 2011, 19:16:23 »

Menudas historias más bonitas.

Me encanta leerlas, muchas gracias por compartirlas.
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« Respuesta #15 : Agosto 25, 2011, 10:20:59 »

Llevo días intentando escribir algo. Tengo algunas historias en mi cabeza, pero no quieren salir, no me salen las palabras para escribirlas...  Undecided
Bueno, hoy he conseguido acabar algo. Espero que os entretenga un rato. Ahí va...



Alex corría al lado de Cristina. Hacía años que lo hacían juntos, todos los días. Se había convertido en algo rutinario en sus vidas, como podía ser el comer o el respirar.

Aún recordaba el momento en que se habían conocido, los había presentado un amigo común, y de la necesidad que había sentido de permanecer al lado de ella para el resto de su vida. Era un sentimiento irracional, pero real y muy fuerte, que había perdurado durante años. Tenía una relación especial con Cristina: la mimaba, la acompañaba a todas partes, se pasaba el día pendiente de ella… ¡la adoraba!

Vivían juntos, y permanecían la mayor parte del día el uno al lado del otro. Poco a poco habían llegado a conocerse perfectamente. Incluso sabían anticiparse a sus reacciones mutuas. Los unían unos lazos muy fuertes, firmes, seguros…

Y siempre corrían. Lo habían hecho desde el primer día. Cristina ya era aficionada al running, y a él no le había costado mucho llegar a su nivel. Siempre salían juntos. Ella decidía el ritmo, la distancia, los lugares por dónde pasar… y Alex era capaz de amoldarse a las “exigencias” de Cristina sin demasiada dificultad. Incluso en esto estaban bien sincronizados. Ofrecían un bello y armónico espectáculo, parecían una única máquina con dos piezas bien engrasadas. Y, si ello hubiera sido posible, se podría decir que estos momentos los habían unido más aún.

Cada 15 días solían acudir a una carrera. Por supuesto, era Cristina quien se encargaba de los trámites necesarios para que corrieran los dos, de conocer recorridos, horarios, permisos… y Alex siempre estaba encantado de poder acompañarla. Nunca ganaban nada, corrían por placer, como cualquier atleta popular. Tenían un grupo de amigos con los que solían estar después de las competiciones y con los que reían y jugaban a gusto mientras se refrescaban en alguna terraza cercana a la prueba.

Aquel día era especial. Alex había percibido los nervios de Cristina desde la noche anterior, incluso la había notado moverse en sueños más de lo habitual. Y en la línea de salida había visto a los corredores especialmente excitados antes de empezar, e incluso notaba cómo había muchos más participantes que en otras carreras, había muchas caras nuevas.

Tras el pistoletazo de salida y los primeros kilómetros, la gente se había ido calmando. Pasaban los minutos y las risas y gritos daban paso a conversaciones más sosegadas, que a su vez se transformaban en respiraciones forzadas. Alex notaba que, efectivamente, se trataba de una carrera distinta. Estaban corriendo más tiempo que cualquier otro día, y no parecía que aquello fuera a terminarse pronto. Bueno, no había problema, él seguiría al lado de Cristina, como había hecho… ¿casi toda su vida?

Llegó un momento en que parecía que a la gente le costaba moverse más. Algunos corredores iban andando. Otros estaban parados al borde del camino, y había quien se había tumbado o estiraba algún músculo concreto. Alex también notó que a Cristina le costaba seguir, a lo que reaccionó amoldando su paso al de ella, como hacía siempre, como estaba entrenado. Ella no pareció darle importancia a este gesto, ya sabía cuál iba a ser la reacción de Alex antes incluso de que pasara, pero en su interior estaba profundamente agradecida por su ayuda. Alex pudo observar cómo, a pesar del sufrimiento, Cristina corría con la cara iluminada en una sonrisa de infinita satisfacción.

Pero el momento de bajón pasó, y volvieron a recuperar su ritmo habitual. Como siempre, con un acople perfecto de movimientos. Incluso ahora un poco más rápidos, lo cual era síntoma de que quedaba poco para finalizar aquella experiencia.

Tras 4 largas horas llegaron a meta.  Alex notó que la expectación a la llegada era mayor que en otras pruebas. Quizá se debiera a lo larga que había sido ésta. También detectaba la alegría de Cristina en cada gota de sudor de ella. Cristina se arrodilló y abrazó a Alex, dándole un beso y susurrando palabras de agradecimiento. Alex ladró de felicidad.

Porque… sí, lo habíais adivinado hace rato. Por un defecto de nacimiento, Cristina no podía ver bien, y Alex era su fiel perro lazarillo.



Un abrazo.
Tosko.
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« Respuesta #16 : Agosto 25, 2011, 11:30:58 »

Felicidades Tosko por el relato. Smiley
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« Respuesta #17 : Agosto 25, 2011, 13:29:01 »

   Es un relato muy bonito Tosko!!
   Saludotes Wink
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« Respuesta #18 : Agosto 25, 2011, 14:10:37 »

Gracias Samarut, Galgo... así da gusto escribir.

Y ánimo, a ver quién toma el testigo!!  Que entre tanto forero tiene que haber muchas historias... Wink Wink
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« Respuesta #19 : Septiembre 26, 2011, 23:22:24 »

Después de  una vida de trabajo, triunfador  nato, incansable  trabajador, con muchos años de experiencia en el mundo de los negocios, por fin podía dedicarse a su hobby preferido , no tenía las típicas preocupaciones de todo mortal, sus hijos colocados, nietos, nietas sanos, ni siquiera la política le preocupaba, ahora se disponía a disfrutar de la vida, a disfrutar en mayúsculas, porque nunca había disfrutado de unas vacaciones, solo algún fin de semana en la Manga, o en la serranía de Cuenca, con mucho sacrificio, robándole horas al sueño y a la familia, que no al trabajo que es sagrado, había podido cultivar su afición no muy secreta, por la mañana, cuando aún el sol no  asomaba por el horizonte,  y la  escarcha llenada de blanco manto todo el parque próximo a su vivienda, el salía en su chándal a correr, a disfrutar de un rato consigo mismo, a sudar, a estirar los músculos, así lo había hecho durante años, ahora ya jubilado, ahora, ahora podría poner  en marcha su ilusión, precisamente como la mía, acabar un maratón, aunque solo uno fuese.

Nunca participó en carreras, no tenía tiempo, los malditos negocios, los recibos, la seguridad insocial, el ayuntamiento y hacienda siempre al acecho, siempre molestando sus sueños, pero entre sus sueños había uno que le relajaba, que le daba vida por las noches, y durmiendo corría,  ¡ y cómo corría !, en sus sueños sus pies no tocaban el suelo, sus pies apenas un instante parecían flotar sobre la hierba, notaba el aire frio acariciando sus mejillas, incluso le llegaban a picar los ojos, por eso, cuando despertaba se notaba los ojos llorosos, sabía que lo había vuelto a tener, a sentir, y pensaba a veces que estaba un poco loco, pero por lo demás no aparentaba ninguna enfermedad, no le dolía nada,  años haciendo sus carreras matutinas, su pequeña tabla de mantenimiento en casa,  su  salud  de hierro  de Bilbao, presumía.

Ahora podría poner en marcha su sueño, ese de correr y correr cual gacela perseguida por el guepardo de la muerte, ese por el que siempre salía victorioso, ese que le hacía picar los  ojos, de alergia, claro, porque el jamás había llorado, ni con el nacimiento de sus hijos, ni cuando su mujer lo dejó por otro más joven,  el jamás había dado muestras de sentimentalismos inútiles, y además en su trabajo no le ganaba nadie, vendía frigoríficos a los esquimales y estufas a los árabes, era para vender capaz de todo, y así se hizo con un capital, tenía la vida resuelta, así que ahora podría poner en marcha su plan, nadie se lo podía impedir.
Resulto más fácil de lo que pensaba, como tenía años de experiencia corriendo varios kilómetros diarios no le fue difícil seguir el plan de entrenamiento de un entrenador personal que contrató, porque podía permitírselo, y porque como buen profesional , sabía que era lo mejor, y se apuntó a su  primera maratón, conforme la fecha se aproximaba se ponía nervioso, estaba como un flan, estaba como cuando sus nietos esperaban a los Reyes Magos, y que bien lo pasaba, viendo sus caras, esas que solo se tiene una vez con la inocencia escrita sobre la frente, pues él se sentía precisamente así, con un inocente bien grande en la frente, porque una maratón asusta cuando es la primera, asusta  a uno como él, curtido en mil batallas cotidianas.

El gran día llegó, se hizo esperar, pero llegó, como tenía previsto se  levantó temprano,  comió, bebió, todo como lo tenía previsto, llevaba meses planificando hasta el último detalle, en su fuero interno sabia que más, pero que mas dá,  ahora se sentía como un niño, estaba ya esperando en la línea de salida, con un dorsal,  con su pulxómetro  y sus zapatillas último modelo, y comenzó la maratón,  una descarga inmensa de adrenalina, la emoción, todos los sentidos alerta, y su cerebro funcionando como nunca lo había hecho, y el corazón parecía más grande que nunca, y las piernas le temblaban como cuando se declaró a su mujer, hacia tantos años ya, ahora la maratón parecía su nueva novia, su verdadera esposa, tanta emoción lo desbordaba, pero corría, corría despacio, pues lo había planeado hasta el último detalle, al principio muy lento, hasta al menos la media maratón, luego ya vería como estaba, tenía en la cabeza muchos libros leídos, revistas. Monografías, horas en la biblioteca formándose en como correr la maratón, es extraño, como te puedes formar en un sitio tan sedentario para una actividad tan activa, y en la biblioteca soñó, también corrió entre las estanterías y hasta algún tropezón tonto se dio, todo por la maratón, porque la maratón tiene sexo femenino, siempre le gustó decir la maratón y no el maratón, pierde gran parte de su gracia, lo femenino siempre le gustó, siempre ha pensado que es la maratón, y en eso estaba pensando y llevaba 30 km, y todo iba muy bien, ya ni siquiera lo adelantaban, iba de los últimos, sabía que era su lugar, a su edad no se proponía grandes gestas, ahora empezaba a verlo todo nublado, como si el día por arte de magia hubiese perdido su claridad, pero seguía corriendo, corriendo y corriendo, despacio, despacio, despacio, y ahora no sabe lo que está haciendo, no tiene muy claro dónde está, con pantalones cortos, sudado y en medio de la calle,  ¿ qué está pasando?, ahora no recuerda nada, se ve rodeado de gente, gente que lo estima, pues llevan observándolo varias horas de carrera y lo conocen de verlo por ahí corriendo tan temprano, pero él, no  reconoce los lugares tan cotidianos.

 ¿ Qué está pasando ? no comprende , no entiende y el terror aparece en su cara, un terror primitivo, y sigue corriendo, no sabe muy bien donde está y sigue a los demás como el toro bravo sigue a los mansos, pero  cada vez está más incómodo y ¡tiene un dolor de piernas!  ¿ qué  puñetas está pasando aquí?.  Eso es lo único que  logra pensar, le duelen las piernas y tiene sed, mucha sed, una sed de haber cruzado el desierto, se bebería  lo que fuese, ahora se da cuenta que no ha bebido, que  nota como tiene  espasmos en  la  barriga, y dolor, mucho dolor, ¿ cómo es posible que se me olvide beber?, algo tan simple, tan natural y obvio.
Ahora son sus compañeros de viaje los que le ayudan, los que le dan el agua y la sal que necesita, y paran de correr, y uno de da un aquarius, otro una manzana, un tercero agua, y lo va tomando despacio y todos han parado, todos le acompañan,  nota como le vuelven las fuerzas,  poco a poco se va acordando del día que es, y de lo que está haciendo, y vuelve a beber y bebe ahora con locura y en exceso, llevan más de media hora perdida, y le sigue doliendo todo, pero ese pelotón de cola colabora y van todos juntos hasta alcanzar la meta que se habían propuesto, y entran  con los brazos en  alto, y en lo más alto, una botella de agua que al final alguien le  ha dado, y al final del camino se ha dado cuenta que no hay nada en la vida que sea posible programar, no hay nada seguro ni  imposible, solo el esfuerzo, la voluntad y el destino harán que una meta  se alcance antes, después y a lo peor nunca, pero si es importante llegar, lo es más, intentarlo.
« Última modificación: Septiembre 28, 2011, 16:24:49 por samarut » En línea

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